viernes, 3 de noviembre de 2017

La lengua como instrumento político

La RAE nos presenta una lengua demasiado politizada y bastante alejada del mundo

Es muy común en las sociedades humanas dar algo como cierto porque así lo cree o piensa una mayoría. De este modo, si hiciésemos una encuesta acerca de la edad de la Tierra en todo el planeta, no creo que nos sorprendiésemos de que el resultado más repetido fuese de unos miles de años, frente a los más de cuatro mil millones que realmente tiene. Una cosa es lo se cree socialmente y otra lo que es.
Con las lenguas, tan vitales y esenciales para crear información y comunicarnos, podíamos esperar en una especie tan presta al engaño y la manipulación una situación de tergiversación e instrumentalización de estas, como efectivamente ocurre.
Así, a los idiomas que los hablan mayor cantidad de personas se les da una mayor valía, se da por supuesto que son superiores a otros por el mero hecho de tener más  hablantes. Cuando la terca realidad nos dice que su estatus presente o pasado se debe a motivos de índole militar, económico o político, principalmente, no a factores lingüísticos. Si un grupo se imponía a otro, habitualmente en primer lugar de forma  bélica, también forzaba al vencido a adoptar su lenguaje, tratando de eliminar su habla o escritura para hacer más fácil su control y  evitar cualquier resistencia futura. Y aquí está el papel de todo propagandista del vencedor, hacer creer al dominante y al dominador de la necesidad y benevolencia de esta actitud, que si no provocó un genocidio, lleva a cabo,  o pretende hacerlo, un etnocidio; hechos estos últimos que se ocultarán o justificarán diciendo que era algo irremediable al no ser útil para quienes lo hablaban, sustituyéndolo por uno supuestamente mejor. Lo podemos ver en el siguiente caso a cargo del filósofo español Aurelio Arteta, que ofrece un alarmante desconocimiento, interesado, de la lingüística y de la historia.
No es cierto que alguien o algo en particular ha sido el culpable de que el euskera sea hoy entre nosotros lengua menor o minoritaria. Con ser cosa probada su represión franquista en escuelas y cuarteles, esa acometida no explica ni mucho menos la pérdida de un idioma de nítido perfil rural y sin apenas soporte escrito. 1
Como ya comenté en un artículo anterior, Supremacismo de un nacionalismo español mal entendido, sí que hay culpables de que el vasco sea minoritario en su país, las políticas borbónicas del siglo XVIII que vinieron de la Corona de España supusieron una planificación de uniformidad lingüística deliberada, obligando a enseñar el castellano en las escuelas y,  por supuesto, no el euskera, cuyo uso fue duramente castigado. El dominio político deriva en todos los aspectos de la vida social, tanto en Navarra como en Cataluña y en otros lugares,  y, claro, se aplicó este poder para someter al país, castellanizándolo.
Porque en Navarra se abla Basquence en la maior parte. Y van a governar Ministros Castellanos. En Nápoles havía Ministros y Governadores españoles, y se abla un Italiano corrompido, y así de otras. 2
Que un idioma se escriba o no, no lo hace mejor ni superior. Todas las lenguas siguen un desarrollo similar, sirviendo a la entendimiento y la comunicación humana. Si ya admitimos que no hay razas superiores, sería una incongruencia caer en la discriminación lingüística. Todas son ricas y elaboradas para comprender y abarcar la compleja y sofisticada vida de homínidos como nosotros,  y quienes minusvaloren a algunas demuestran que no la dominan bien, y sobre todo hacen ver sus prejuicios. En esto, como en tantas cosas, se desprecia lo que se ignora.
Una lengua escrita, como una gramática, es una elaboración artificial de lo que realmente se habla. No olvidemos que lo hablado es lo que determina lo escrito y no al revés, como siempre fue. Nuestra especie llevaba milenios utilizando el lenguaje antes de representarlo físicamente mediante códigos que interpretaban lo que se decía.
Ahora, cuando el euskera recupera hablantes y notoriedad social, debido a la concienciación de los vascos de lo esencial que es preservar su cultura y forma de ser, que se ha traducido en tener estos instituciones políticas ya bajo su control, como ocurre actualmente con el Gobierno de Navarra, quienes quieren  parar este avance buscan nuevos y contradictorios argumentos.
Oímos que la lengua vasca que se enseña en ikastolas y escuelas públicas no es como la de antes, que es un idioma artificial, que fue creado porque no había uno unitario, sino varias lenguas habladas en diferentes regiones como: el vizcaíno, el guipuzcoano, el alto navarro, con sus variantes, el bajo navarro, el suletino (de Zuberoa) o el labortano, con sus dialectos. Bien, es discusión para lingüistas. Pero de lo que no es consciente quien sale con esta historia a fin de arremeter con un proceso de normalización del euskera es que con cualquier idioma ocurre lo mismo. El español, por ejemplo, es en realidad una familia de lenguas, compuesto por al menos 58 variedades lingüísticas, el inglés lo componen como mínimo 80. Como bien apunta J. C. Moreno Cabrera, el concepto de unitariedad es político y cultural, no lingüístico. Cada una de esas variedades es una lengua, porque quienes las emplean se entienden perfectamente y llevan a cabo, como todo hombre o mujer, vidas plenas y complejas.  Quienes no lo ven así, no es por fundamentos académicos, sino por influencias ideológicas o intereses políticos y económicos.
El nacionalismo lingüístico profesado por muchos lingüistas les impide aplicar los criterios que usan para tratar determinadas lenguas a la lengua nacional propia... 3
Es lo que les comentaba sobre el vasco y el español, querer ver la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio. Cómo no, el español de la Real Academia Española es también artificial y está basado en la variedad castellana, por tanto, tiene una característica étnica que no ha perdido, que mantiene, pese a la diversidad que se encuentra en el español en general, al que no puede controlar como pretende, especialmente en América. Ese idioma de la RAE no tiene más de 400 millones de hablantes, como presume.
Si examináramos a esos cuatrocientos millones de personas para ver si son capaces de articular un discurso escrito y oral que se atenga con la mayor fidelidad posible a las normas gamaticales, ortográficas y léxicas dictadas o aconsejadas por la Real Academia Española y por sus sucursales hispanoamericanas, seguramente obtendríamos unos resultados descorazonadores. Es razonable pensar que, siendo optimistas, una persona de cada cien podría aprobar ese examen (teniendo en cuenta que muchos millones de hispanohablantes apenas saben escribir).  Es decir, si esta estimación es razonable,  entonces, de los cuatrocientos milones de personas solo unos cuatro millones hablarían (y escribirían) en esa lengua estándar y solo ocasionalmente, en determinadas situaciones formales. 3
El euskera estándar, el batua, el español estándar u otro cualquiera estándar es algo útil cuando tratas de llevar a cabo una enseñanza más o menos común de un idioma,  pero teniendo presente que la realidad externa es diferente y más variopinta. Lo estándar es un caso particular de las variedades lingüísticas, donde se elige, por motivos fundamentalmente políticos, una de ellas y se dice, presuntuosamente, que esa es la correcta; cuando la realidad es que correctas son todas, ya que todas contribuyen al fin por el que existen, el entendimiento humano.
La actitud prepotente y de desprecio del nacionalismo lingüístico español ante otras lenguas con menos privilegios y poder que él, torna en victimismo y defensa de la pluralidad cuando topa con un rival mayor, lo vemos en su actitud con el omnipresente inglés. Aquí la hipocresía es absoluta y queda bien retratada.
Lo malo de muchos intelectuales e incluso de algún lingüista es que hacen una utilización política de instrumentos tan ricos y esenciales como los idiomas y las ciencias que los estudian
Una cosa que debería quedar clara desde el principio y que los lingüistas deberían respetar escrupulosamente es que los conceptos o instrumentos conceptuales que han sido creados por ellos específicamente para describir todos estos aspectos puramente lingüísticos de las lenguas humanas, no deberían ser utilizados para dar respetabilidad científica y carácter objetivo a análisis que implican aspectos no estrictamente lingüísticos y que intentan apoyar o justificar una determinada opción ideológica. 3

Referencias-Notas:
1. Aurelio Arteta. El engaño de la lengua minorizada. Diario de Noticias. 8.05.1997.
2. Cita en el prólogo a la obra de José María Jimeno Jurío. Navarra, Gipuzkoa y el Euskera. Pamiela, 1998.
3. Juan Carlos Moreno Cabrera. El nacionalismo lingüístico. Península, 2014, pp. 144-174.

2 comentarios:

  1. 1/2

    Erase un exministro franquista que, tras el correspondiente proceso electoral, fue elegido presidente de una comunidad autónoma española que gozaba del privilegio de tener dos lenguas oficiales: la castellana y la propia y exclusiva de tal comunidad autónoma.

    A la hora de formar su correspondiente gobierno autónomo, acordó nombrar consejero de Cultura a un profesional de los medios de comunicación que había desarrollado la mayor parte de su carrera profesional en la capital de España, y siempre en medios afines o muy próximos, ideológicamente hablando, al régimen franquista. Incluso ejerció durante algunos años como director de un diario cuya línea editorial se identificaba con el sector más intransigente del post-franquismo, el coloquialmente conocido por entonces como "búnker".

    Aún siendo nativo de la comunidad autónoma de la que fue nombrado consejero de Cultura, también se destacó por menospreciar y denostar públicamente, y antes de su nombramiento como tal, la lengua propia de dicha comunidad y su uso como primera lengua.

    Por supuesto su actitud cambió tan radical como aparentemente a raíz de su toma de posesión como consejero, y pasó a expresarse en la lengua propia y exclusiva de su comunidad siempre que tenía que hacer declaraciones públicas dentro de su comunidad autónoma para, digamos, consumo interno. Y lo hacía de forma chapucera, ya que jamás se había preocupado lo más mínimo de perfeccionar a nivel académico su conocimiento; ni la había siquiera considerado merecedora de ello.

    Es decir se convirtió en aquello que de siempre se denominó: un chaquetero. Pero que desde hace un tiempo, en aras de la corrección política, ha pasado a llamarse: animal político o político dotado con una encomiable cintura.

    El departamento que dirigía en el gobierno autónomo gestionaba un presupuesto considerable que se utilizó, entre otros fines, para subvencionar medios de comunicación, proyectos tanto culturales como comunicacionales, fundaciones de lo más variopinto y también campañas de promoción del uso de la lengua propia de la comunidad autónoma. Estas campañas las implementaba la propia administración autonómica directamente o lo hacía a través de asociaciones, fundaciones, agrupaciones, etc. debidamente subvencionadas. También a través de columnas, artículos de opinión, editoriales, etc. publicados en medios que dificilmente habrían subsistido sin el aporte económico de ese departamento.

    Juan

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  2. 2/2

    Y ocurrió algo que debe considerarse al menos curioso: repentinamente una ingente cantidad de individuos que hasta entonces podría considerarse estaban en las antípodas ideológicas del consejero se hicieron habituales como firmas o colaboradores de la mayoría de medios de comunicación de la comunidad autónoma o pudieron desarrollar proyectos culturales gracias a la financiación del departamento de Cultura.

    Tan curioso como lo anterior resulta que la inmensa mayoría de los contenidos promocionados por las firmas y colaboradores, o de los proyectos, hacían hincapié en la promoción del uso de la lengua de la hasta entonces despreciada y denostada públicamente por el consejero de Cultura, inmersión ligüística fue el témino empleado. Y, por supuesto, obviaban los aspectos sociales de la realidad que se vivía día a día en la comunidad autónoma.

    Pero lo más curioso, por destacable, es la reacción casi unánime de los beneficiarios de las subvenciones cuando otros les reprochaban la colaboración con un consejero que nunca renunció a sus bases ideológicas, franquismo en estado puro, y que incluso se jactaba de ello, aunque ahora ya no públicamente: estamos sentando las bases para construir nuestro propio país, que no es España.

    Han pasado ya bastantes años y ese supuesto e idílico país que estaban cimentando ni está, ni se le espera; porque se desconocen hasta los planos. Pero la red clientelar tejida por, entre otros, ese consejero pesa como una losa que dificulta el desarrollo y avance sociales en la comunidad autónoma. Retroalimentándose y contribuyendo a hacer plenamente vigente un dicho muy extendido por esos lares:
    "Polo pan, baila o can."

    Juan

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