domingo, 26 de junio de 2016

Plan Cóndor: la cultura como arma

El dictador argentino Videla en un almuerzo con escritores. Borges y Sábato a su izquierda.

Recientemente les hablaba de ese plan denominado Operación Cóndor  y de cómo este se empleó, utilizando de forma masiva y directa la fuerza militar de los ejércitos, para imponer el modelo neoliberal capitalista en América del Sur. Sin duda la acción militar es decisiva cuando quienes tienen el poder económico no tienen el político porque la gente no se lo dio. Sin embargo, esta acción no es suficiente, se necesitarán otras conquistas de legitimación social para hacerse con el mando y consolidar este. El frente cultural, la lucha cultural, juega aquí un papel decisivo.
El educador paraguayo Martín Almada describe la utilización de la cultura como un arma y una estrategia de discriminación y sometimiento social y económico. En su tesis de mediados de los años 70, "Paraguay, educación y dependencia", muestra dos conclusiones principales: una, que la educación es para los privilegiados y que solo beneficia a la clase dominante, y la otra, compañera casi inseparable de la anterior, que estaba al servicio del subdesarrollo y la dependencia. El sistema educacional como medio de mantener los privilegios de algunas clases sociales, mientras discrimina y especialmente fomenta la penosa situación de la mayoría de marginados y empobrecidos.
Años antes Paulo Freire en Brasil denunciaba esta alarmante situación, lo que lo llevó a ser uno de los primeros perseguidos por la Operación Cóndor, al ser su país donde se inició este siniestro plan. Él alfabetizó a los que no tenían nada, incluso ni siquiera derecho al voto, porque necesitaban saber leer y escribir para poder ejercerlo. Sus obras son un referente en el mundo de la educación, especialmente en la igualdad al derecho de la educación y formación, motivo de prohibición durante años de la difusión de su trabajo por la oligarquía brasileña. El pensamiento de Paulo Freire era un pensamiento humanizador, que no cuajó en una sociedad violentada y olvidada de básicos principios morales.
La 'deshumanización' es la consecuencia de la opresión, y afecta a los oprimidos y a quienes oprimen.
Los oprimidos, en reacción contra los opresores, a quienes idealizan, desean convertirse a su vez en opresores. Es una gran contradicción, que desafía al oprimido proponiéndole una nueva fórmula, transformarse en los restauradores de la libertad de ambos. De esta forma debería nacer un hombre nuevo que supere la contradicción: ni opresor ni oprimido: un hombre liberándose, humanizándose. 2
La influencia de una potencia imperial, los Estados Unidos, en América del Sur no solo era militar o económica, sino que también se presentaba en la cultura política y social. Tenemos por ejemplo aquí el denominado Plan Camelot, diseñado para el espionaje sociopolítico con el propósito de medir y pronosticar las causas de las revoluciones y las insurgencias. Propuesto también para Paraguay, fue intentado llevar antes en Chile. Aquí, no obstante, fue denunciado, como indica el educador Martín Almada, por el profesor Johan Galtung en agosto de 1965. Él era un noruego que fue contratado por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales y que vio el riesgo grave de tal intromisión. Todas las universidades chilenas dejaron claro su rechazo a este proyecto que venía de la mano de la USAID, una organización creada a partir de la revolución de Cuba y del fracaso de la invasión en Bahía de Cochinos, con el propósito de condicionar y dirigir las políticas de otros países. En Paraguay lo tuvieron más fácil, al estar allí instaurada la dictadura más antigua de la región, la de Stroessner. Vemos, una vez más, que dictaduras e influencia estadounidense van de la mano.
En Sudamérica, en plena vigencia de la Operación Cóndor, coincidió en varios países  la publicación en escuelas primarias y colegios secundarios del denominado "decálogo anticomunista", en Argentina conocido como "Subversión en el ámbito educativo-Conozcamos a nuestro enemigo". Una estrategia de adoctrinamiento y persecución de personas e idearios que chocaban, como tenían que chocar, contra la cruenta y violenta  ideología neoliberal. Y cuyo autor intelectual e impulsor tenia origen en Washington.
Como la fuerza de la razón de la doctrina del neoliberalismo era escasa, se recurrió al uso masivo de la violencia contra cualquier persona que la cuestionase. Las torturas y las desapariciones de millares de personas que serían asesinadas, constituía el método tan groseramente  brutal de que eliminando físicamente a todos los adversarios ya no existiría más el peligro de la oposición a los deseos de los magnates del mundo corporativo industrial-financiero y sus socios de las oligarquías locales. Lo hicieron y devastaron América del Sur políticamente, socialmente, culturalmente,  humanamente.
Como en prácticamente todo periodo de la historia hubo quienes fueron capaces de justificar y apoyar aquello. Y los hubo en el mundo de la cultura y entre los más destacados escritores.
La brutal dictadura argentina era de las que más tardíamente surgía en relación a sus países vecinos, el 24 de marzo de 1976, pero lo hacía con especial crudeza. Sin embargo, tuvo apoyos y legitimadores cruciales en momentos decisivos nada más instaurarse. Así, el dictador Jorge Rafael Videla, para mostrar el respaldo que tenía de prominentes y populares figuras del país a la sociedad argentina y a la sociedad mundial, invitó a un almuerzo el día 19 de mayo de 1976, apenas mes y medio tras el golpe, a personalidades del mundo cultural; entre ellos Jorge Luis Borges y Ernesto Sábato, dos escritores enormes con gran prestigio. Previamente a los literatos, miembros de la comunidad científica y de la Iglesia Católica habían tenido reuniones de aprobación y legitimación similares, aunque de menor repercusión. 
Tras un exquisito almuerzo, con whisky, jerez, budín de verduras, puntas de espárragos, selectos vinos, ensaladas de frutas con crema y café, entre otros deliciosos platos y bebidas, vino la foto para la prensa y las declaraciones que se ofrecerían al público. Apenas alguna mención, muy tímida, comentada al dictador por alguno de los allí presentes sobre los desaparecidos. Como la de Horacio Ratti, presidente de la Sociedad Argentina de Escritores, que  dijo que habia trasmitido la preocupación por algunos escritores: Miguel Ángel Bustos, Roberto Santoro y quince escritores más. El sacerdote y periodista Leonardo Castellani lo hizo por Haroldo Conti. 3
Borges demostraba su catadura moral, en claro contraste con la literaria, declarando:
Le agradecí personalmente el golpe del 24 de marzo, que salvó al país de la ignominia, y le manifesté mi simpatía por haber enfrentado las responsabilidades del gobierno. Yo nunca he sabido gobernar mi vida, menos podría gobernar un país. 3
La actitud de Ernesto Sábato no fue mucho mejor:
Es imposible sintetizar una conversación de dos horas en pocas palabras, pero puedo decir que con el presidente de la Nación hablamos de la cultura en general, de temas espirituales, culturales, históricos y vinculados con los medios masivos de comunicación. Hubo un altísimo grado de comprensión y de respeto mutuo...
El general Videla me dio una excelente impresión. Se trata de un hombre culto, modesto e inteligente. Me impresionó la amplitud de criterio y la cultura del presidente. 3
También Sábato mostró anteriormente su posición y pensamiento  sobre la actuación de otro dictador que mantuvo la anulación de las libertades políticas y sindicales en la Argentina, Juan Carlos Onganía.
Creo que es el fin de una era. Llegó el momento de barrer con prejuicios y valores apócrifos que no responden más a la realidad. Debemos tener el coraje para comprender (y decir) que han acabado, que habían acabado instituciones en las que nadie creía seriamente. ¿Vos creés en la Cámara de Diputados? ¿Conocés mucha gente que crea en esa clase de farsas? Por eso la gente común de la calle ha sentido un profundo sentimiento de liberación... Ojalá la serenidad, la discreción, la fuerza sin alarde, la firmeza sin prepotencia que ha manifestado Onganía en sus primeros actos sea lo que prevalezca, y que podamos, al fin, levantar una gran nación. 3
Estas actuaciones y pensamientos nos enseñan el carácter oportunista, antidemocrático y amoral de gente como Borges o especialmente  Sábato. Este último todavía más mendaz y falso, pues cambió sus opiniones según el tiempo y los intereses que había en cada momento. En este sentido Borges fue más honesto.
Sobre sus conciencias, vidas, personas y memoria recae el sufrimiento y muerte de muchas personas, algunas de ellas compañeros de profesión.
La educación, la cultura, se utilizaron y se utilizan tanto para adoctrinar a niños como para engañar a mayores, a los que infundirán un odio poco racional hacia seres humanos que no les iban a hacer ningún daño, los desaparecidos de Chile, Argentina y de tantos otros sitios, con la intención de tener carta blanca el poder dictatorial de cada momento para eliminar a quienes tenían o tienen el valor de denunciar sus tropelías.
No olvidemos, no dejemos en el olvido, lo que ocurrió entonces en América Latina.

PS:
Ernesto Sábato: el oportunista sin moral.

Referencias:
1. Alex Anfruns. Del Plan Cóndor al ALCA: globalización y terrorismo de estado. Investig, Action. 25.11.2015.
2. Enrique Martínez-Salanova Sánchez. Paulo Freire: Pedagogo de los oprimidos y transmisor de la pedagogía de la esperanza. http://www.uhu.es/cine.educacion/figuraspedagogia/0_paulo_freire.htm
3. Gabriela Liszt. "Los almuerzos" de Videla. La Izquierda Diario. 20.5.2016.

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